EL AZAR Y EL JUEGO / EL DINERO Y LOS JUGADORES
Fenómeno del comportamiento, el juego
no es propio del hombre pero, para el hombre, puede serlo todo y puede
no ser nada. Distracción en general, disciplina a veces, vicio a
menudo, constituye en la vida el antídoto por excelencia contra
el aburrimiento. Como distracción, cualquiera sea su naturaleza,
es tan esencial como los alimentos materiales. Cuando adopta ciertas
formas (juegos deportivo y de estrategia) contribuye a mantener o
mejorar la condición física o intelectual y en esa
caliodad es estimulado. Cuando está supeditado a la
pérdida (o la ganancia) de una suma de dinero, adquiere el color
del vicio y a partir de ese momento está casi siempre
reglamentado, raramente es libre y, con frecuencia, está
prohibido.
Cuando existe una conjunción de
juego, azar y dinero, es decir, apuesta sobre un resultado
completamente aleatorio, estamos en presencia de lo que los
anglosajones llaman gambling (proviene
de gamenian; significa competición y diversión a la vez)
y los francoparlantes, juegos de círculo y de casino
están tomados desde este punto de vista.
La primera característica del juego de casino
es que el resultado no puede ser previsto por ningún medio
científico o intelectual. El más elemental de los juegos
imprevisibles es el de cara o ceca; también la lotería es
un juego de puro azar (tolerada generalmente en pequeña escala,
con frecuencia constituye un monopolio del estado).
Resulta difícil, sin duda, delimitar
las actividades en las que la intervención del azar es
exclusiva. Los resultados deportivos, carreras de atletismo, partidas
de bolos, partidos de futbol, lo mismo que los obtenidos en carreras de
caballos, no responden a las verdaderas condiciones del juego de puro
azar. Hubo quién pretendió considerar las operaciones de
la Bolsa como un juego de azar; si la estabilidad de la renta del
Estado ha podido antes, servir de campo de experiencia para el
cálculo de probabilidades, hoy la especulación del
profesional, al parecer, se basa mucho más en elementos
técnicos económicos y políticos. Existe, claro
está, intervención del azar, pero éste está
presente en los errores del comerciante que almacena o del agricultor
que siembra. ¿Si hilamos fino, no podemos, acaso, descubrir que
en cada uno de los actos de la vida existe especulación en la
mente de su autor y azar en los elementos?
La segunda característica del juego de casino
es la apuesta, es decir el compromiso de una suma de dinero; es un
compromiso real y previo (en los casinos no se ceptan apuestas de
palabra). En eso estriba lo esencial del juego.
La apuesta se efectúa de dos
maneras: entre el jugador y la casa, o entre jugadores. En el primer
caso, el establecimiento se constituye en el contrincante: son la
mayoría de los juegos que se practican en los casinos (bola;
craps; ruleta; fantan; etc.). En el segundo caso, cuando las apuestas
se hacen entre jugadores, se trata, de juegos de círculo, aunque
también se practican en los casinos (descartado y, sobre todo,
bacará)
De todos modos, las formas que adopta la
auesta a causa de la diversidad de juego, aumenta indiscutiblemente el
incentivo, al extremo de olvidar el fondo por culpa de la forma. Esa
variedad hace que la urgencia del azar sea más o menos purea, y
que el azar se encargue, además, de distribuir chances entre la
banca y el jugador.
Cualquiera sea la modalidad adoptada, la
apuesta no es forzosamente equitativa: existe una deducción a
afavor de la casa ( y, en otra instancia en beneficio del Estado o de
la colectividad); aparte del derecho de entrada, existe
deducción proporcional a la apuesta o distribución de las
ganancias inferiores a la proporción de la chances.
Los impuestos, por su parte, encuentran
allí mucha materia susceptible de quita, pues se trata de un
campo donde lo facultativo rivaliza con lo superfluo. Gravan una parte
de la deducción, llamada el producido bruto, que fue calculado
por el gerente de la casa de juego para afrontar gastos sin duda alguna
importantes.
De modo general, el Estado solo autoriza la
práctica de los juegos de azar y de dinero en los
establecimientos especializados: casinos y círculos.
Etimológicamente, casino, palabra italiana y diminutivo de Casa
es un lugar de reunión donde se puede jugar y bailar. En Francia, su definición oficial está dada en el texto de un decreto del 23 de Diciembre de 1959: "Un casino
es un establecimiento donde se desarrollan tras actividades diferentes:
espectáculo, restaurante y juego, reunidas en una sola
dirección y sin que ninguna de ellas pueda ser cedida a
terceros".
En casinos, círculos y casas de
juego, los juegos no pueden ser practicados más que en virtud de
un aautorización, siempre revocable, del Ministerio del
Interior. Por otra parte, están sometidos a una
reglamentación y a un control casi idénticos.
En todos los países del mundo,
cualesquiera sean las modalidades de control o caracter impositivo, el
Estado vigila muy de cerca los juegos de azar y de dinero.
Efectivamente, si no están
reglamentados y vigilados, los juegos de dinero y de azar permiten
muchos fraudes y estafas. Más aún, al conducir a la
fortuna o a la miseria, se considera que desvían al hombre de su
tarea esencial, de su tarea original: si nos enriquecemos con el juego
y no por el trabajo, damos un ejemplo bochornoso que es importante no
imitar; en el caso contario, la ruina, hija del juego con mayor
frecuencia que la riqueza, a veces conduce a su vístima a las
peores soluciones. El juego tiene fama así de amenazar el
equilibrio social basado en la ley del trabajo: no podríamos
comer nuestro pan si no lo obtubiéramos con el sudor de nuestra
frente (esa mentalidad hizo que los juegos estuvieran generalmente
prohibidos para los pobres y quedaran reservados a las clases
acomodadas y nobles).